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Goldman Sachs aumenta valor de TSMC: Inteligencia Artificial, Liderazgo Occidental y Capital como Arquitectura del Orden Global.



A inicios de 2026, la Inteligencia Artificial (IA) ha dejado de ser un fenómeno estrictamente tecnológico para consolidarse como un vector estructural del poder económico, jurídico y geopolítico global. En este contexto, el reciente desempeño bursátil de Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), impulsado por una revisión estratégica de Goldman Sachs que elevó su precio objetivo en más de 35%, no debe interpretarse como un episodio especulativo, sino como una señal sistémica del reordenamiento del capitalismo avanzado.

Este trabajo sostiene que el liderazgo occidental en la era algorítmica no se explica únicamente por la innovación, sino por la articulación institucional entre capital financiero sofisticado, infraestructura tecnológica crítica y marcos jurídicos estables. En dicho entramado, Goldman Sachs actúa no solo como intermediario financiero, sino como intérprete autorizado del futuro económico, capaz de traducir tendencias tecnológicas en señales normativas para los mercados globales. Donde TSMC y ASML son piezas angulares del dominio occidental en la carrera por la IA, con mayor afinidad a EEUU que al eje oriental chino.


Desde esta perspectiva, la IA emerge como un imperativo de Estado y de mercado, cuyo desarrollo depende de una arquitectura altamente concentrada:

  • el diseño y la demanda estratégica, liderados por Estados Unidos;

  • la manufactura avanzada, anclada en Taiwán a través de TSMC;

  • y el control del medio de producción esencial —la litografía ultravioleta extrema (EUV)— concentrado en Europa mediante ASML.


Este eje no representa una anomalía, sino la expresión madura de un orden occidental basado en estabilidad regulatoria, protección de la propiedad intelectual y previsibilidad institucional, elementos que hoy se revelan indispensables para el desarrollo de tecnologías fundacionales.



I. Goldman Sachs y la Validación Financiera del Liderazgo Tecnológico Occidental

El informe liderado por el analista Bruce Lu en Goldman Sachs identifica a la IA como un motor de crecimiento plurianual, respaldado por una proyección de inversión en capital (Capex) superior a los 150.000 millones de dólares en los próximos tres años (Goldman Sachs, 2026). Esta cifra sitúa al sector de semiconductores avanzados en una escala históricamente reservada a la infraestructura energética o a la defensa nacional.

Desde una óptica jurídico-económica, el análisis de Goldman cumple una función clave: legitima la concentración de capital y capacidad productiva como una necesidad sistémica, no como una distorsión del mercado. La mejora de márgenes identificada por la firma, incluso en un entorno geopolítico complejo, revela la existencia de un poder de fijación de precios sustentado en la escasez estructural y en barreras tecnológicas prácticamente infranqueables.

Este fenómeno plantea retos relevantes para el Derecho de la Competencia contemporáneo. Sin embargo, lejos de sugerir una falla del sistema occidental, evidencia la transición hacia modelos regulatorios que priorizan resiliencia, seguridad de suministro y continuidad tecnológica, por encima de concepciones tradicionales de competencia puramente atomizada (Khan, 2017).

En este sentido, Goldman Sachs no impulsa una lógica extractiva, sino una narrativa de orden, en la que el capital financiero actúa como catalizador de inversiones alineadas con los intereses estratégicos de las democracias avanzadas.

II. ASML, Europa y la Soberanía Funcional sobre el Medio de Producción

El liderazgo de TSMC resulta incomprensible sin el análisis del papel de ASML, empresa neerlandesa que ostenta el monopolio global de las máquinas de litografía EUV, tecnología indispensable para la producción de nodos de 3nm y 2nm (Miller, 2022).

Desde el punto de vista jurídico, ASML encarna una forma emergente de soberanía funcional: aunque no ejerce control territorial, sí detenta la capacidad de determinar quién puede —y quién no— acceder a la frontera tecnológica del silicio. El régimen de control de exportaciones coordinado entre los Países Bajos, la Unión Europea y Estados Unidos constituye una manifestación legítima de jurisdicción regulatoria extraterritorial, orientada a la protección de activos críticos del orden internacional liberal (Farrell & Newman, 2019).

Esta arquitectura refuerza la centralidad europea dentro del ecosistema tecnológico occidental y demuestra que la globalización no ha desaparecido, sino que ha evolucionado hacia una globalización de seguridad, donde la localización de activos estratégicos responde a criterios jurídicos e institucionales.

Las inversiones de TSMC en Alemania y Estados Unidos confirman esta tendencia: la manufactura avanzada se desplaza hacia jurisdicciones caracterizadas por estado de derecho sólido, certidumbre normativa y alineación estratégica, pilares históricos del liderazgo occidental.

III. Latinoamérica en el Nuevo Orden del Silicio: Integración Estratégica y Desarrollo Jurídico

En este contexto, Latinoamérica enfrenta una oportunidad histórica. Pretender competir en la fabricación de semiconductores de vanguardia resultaría ineficiente; sin embargo, la región puede posicionarse como socio estratégico del ecosistema occidental en áreas clave de la cadena de valor.

Países como México, Costa Rica y Panamá cuentan con condiciones favorables para absorber procesos de back-end (ensamblaje, prueba y empaquetado), siempre que se desarrollen marcos jurídicos de confianza reforzada, comparables a los estándares aplicables en sectores de defensa o aeroespacial (OECD, 2023).

Asimismo, la dotación regional de recursos críticos —litio, cobre y otros minerales estratégicos— exige una evolución hacia un Derecho de Minería de Nueva Generación, en el que la explotación esté vinculada contractualmente a transferencia tecnológica, valor agregado y acceso preferente a cadenas de suministro occidentales.

Este enfoque no solo fortalece el desarrollo regional, sino que contribuye a la resiliencia sistémica del liderazgo tecnológico occidental, integrando a LATAM como aliado confiable dentro de un marco de reglas claras y previsibles.


Derecho, Capital y Tecnología en la Consolidación del Orden Occidental.


El respaldo de Goldman Sachs al desempeño de TSMC no constituye un hecho aislado, sino una señal clara de que el capitalismo avanzado ha entrado en una fase donde infraestructura, Derecho y geopolítica convergen. El liderazgo occidental en la era de la IA se sustenta menos en la improvisación y más en la capacidad de articular capital, tecnología y normas bajo principios de estabilidad y protección institucional.

Lejos de representar una concentración arbitraria de poder, el eje Goldman Sachs–TSMC–ASML refleja la madurez de un modelo que ha demostrado ser el más eficaz para producir innovación a escala, proteger la propiedad intelectual y garantizar continuidad tecnológica en un entorno global incierto.

Para juristas, reguladores y estrategas, el desafío no es desmantelar esta arquitectura, sino perfeccionarla, asegurando que su expansión incorpore a regiones emergentes bajo esquemas de cooperación alineados con los valores y reglas que han definido históricamente al orden occidental.

Referencias (APA 7.ª edición)

Farrell, H., & Newman, A. L. (2019). Weaponized interdependence: How global economic networks shape state coercion. International Security, 44(1), 42–79.https://doi.org/10.1162/isec_a_00351

Goldman Sachs. (2026). Asia semiconductor sector: AI-driven growth and structural pricing power. Goldman Sachs Global Investment Research.

Khan, L. M. (2017). Amazon’s antitrust paradox. Yale Law Journal, 126(3), 710–805.

Miller, C. (2022). Chip war: The fight for the world’s most critical technology. Scribner.

OECD. (2023). Global value chains, industrial policy and semiconductor resilience. OECD Publishing.


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